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O-Z BLOG BOLIVIA ©Bolivia - Política - Economía - Referencias: Noticias desde el país y el exterior, a través de la prensa escrita, radio, televisión e imágenes. RSS de noticias al día de Bolivia. 12/4/2007 .
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LA BOCA DEL DIABLOLas voces se escuchan claras, símiles, casi duplicadas. Parecería ser que salen de la boca del diablo: de un diablo racista, egoísta, temeroso y prepotente. Pero el diablo no sólo habla, también planea siniestramente, dividiendo el uno contra el otro, plantando la manzana de la discordia entre los más desesperados, dependientes y desinformados. En ellos deposita el diablo su confianza para desencadenar el caos y la violencia en pos de provocación, esperando que algo malo surja: un herido, una muerte, algo que enfatice y disfrace el ardid de rencores y confrontación, y que excite a las turbas de choque, drogadas de odio y alcohol. Pero todo esto requiere un conocimiento de sabotaje político, de manipulación mediática, de coordinación, y- sobre todo- los fondos necesarios para efectuar tal operación a nivel nacional. De aquí surge , en Bolivia, la Operación Media Luna, que ya no representa una región o un conjunto de regiones, sino un plan de control preeminente, creado para perpetuar el modelo cleptócrata-oligarca, el continuismo del usufructo ilegal, y la explotación del débil. Ante los cambios constitucionales venideros, los discípulos del diablo se estremecen y dan diente con diente ante un futuro en traje a rayas, sin la posibilidad de seguir la compra de influencias, como en sus mejores años de robo y orgía. Por eso desprecian lo nuevo, lo limpio, y sobre todo lo indígena. La desesperación y la aprensión a perder los privilegios inicuos, se agrava cuando la verdad se perfila convincente y acompañada de causas justas tal como el cuidado a la salud, la erradicación de la pobreza y el alfabetismo, y el arribo del Estado incólume, mayoritario y participativo. ¿Podemos entender lo que es en verdad Bolivia, y lo que se quiere que llegue a ser? Es que no debemos siquiera pensarlo: porque no nos toca a nosotros hacerlo como individuos asiduos a conveniencias, complacencias y antojos propios- o, lo que es peor, flaqueando y sometiéndonos a la presión del más agresivo y poderoso en nuestro limitado y provincial entorno. La verdad es que tenemos que aspirar a más: a ser consecuentes con una nación justa, progresista e independiente. Cuando oímos repetir los estribillos de uno u otro bando político que se pronuncian absurdamente análogos e impositivos, no deberíamos sino agachar la cabeza en signo de compungida y profunda vergüenza, y luego elevar la vista hacia una inspiración más humana, más cabal y más invariable con el contenido histórico de nuestra siempre actual cultura nacional. Por sobre la podredumbre de antaño, surge brillante la espada de la verdad, desenvainada con firmeza, y elevada al cielo claro, brillando dorada con el sol milenario. Lo cierto es que parte de Bolivia parece hundirse en la ignorancia y la falta de claridad visionaria; y esto parece agobiarle y frustrarle de sobremanera. ¿Cómo, sino, se puede explicar que en tales tiempos de cambio histórico, donde se ilumina el camino de oro hacia el futuro, y donde Bolivia se perfila poseedora de una identidad cultural profunda, se pueda valorar tan solo lo trivial e inconsecuente, y emitir constantes quejas como niños en llanto? Esta es, más bien, la hora de remangarse la camisa y poner manos a la obra. Los más susceptibles a caer en la vorágine de la inseguridad y el pánico, son aquellos que lograron lo que poseen por accidentes intencionados, y que no piensan poder preservarlo si las reglas del juego cambian. Es el pavor a iniciarse en un mundo renovado con salvoconductos constitucionales que garantizan equidad a la gran mayoría antes marginada. El ritmo y latir de la nació ya no van al compás del privilegio. El temor al cambio es el temor a uno mismo. El sentimiento de odio convive con el sentimiento de incapacidad a enfrentar lo multitudinariamente nuevo, cuando antes se podía contar con lo minúsculamente tradicional y seguro, aunque injusto y criminal. Este resentimiento febril nos hace testigos de la más enfermiza dolencia del espíritu del hombre: el racismo. Porque podemos enmarañar el diálogo político nacional con todo tipo de diferencias, pero no podemos nunca acomodar al racismo, la intolerancia, la violencia, la injusticia y la mentira en ningún rincón del territorio patrio. Es absurdo ser racista e injusto contra el indio y su cultura, cuando se vive en país milenario. Es inconsecuente ser discriminador contra las minorías, cuando se aspira a un futuro progresista y humanista. Es inútil ser intolerante y violento, porque así se engendra la polarización y se ahuyenta la paz social cada vez más. Y es, sobre todo, inadmisible el esfuerzo de algunos de tergiversar la verdad de todo lo que acontece en el país, buscando como único fin la desestabilización, el fraude y la exclusión. Mientras los políticos se desmenuzan entre lo que es la izquierda o la derecha, se olvidan que el camino al progreso humano va de frente. La labor de los políticos bolivianos debe ser la de alcanzar al pueblo que ha marchado a pié firme dejando rezagados a los doctrinarios. En este camino, nunca debemos olvidar a nuestro hermano: al más pobre, al más necesitado, al más enfermo y al más débil. Debemos cargar con todos y desproveer a nadie, si queremos respetar nuestra herencia cultural y humana. Recién entonces estarán completas las filas de esta Gran Marcha Nacional en la que nos hemos encausado para encontrarnos con nuestro propio destino. Es inevitable que la marea del progreso viene muy alta hacia la orilla, porque esperó mucho tiempo en la opresión. Pero aún así se mostró sobreviviente y competente, dentro de inhumanas restricciones. Saludémonos los bolivianos como se saludaban los mayas al encontrarse uno frente al otro: ¡tú eres mi otro yo!
Jaime Otero-Zuazo 12/6/2006 El secuestro de la democracia en BoliviaSi la oposición política en Bolivia pretende secuestrar la Asamblea Constituyente tan descaradamente, ¿cuánto más deberían los constituyentes mayoritarios imponer con su fuerza moral ante las demandas egoístas de esta oposición? Después de todo, muchas de las caras que se ven en los comités y sesiones constituyentes fueron partícipes de gobiernos cleptócratas que otrora esclavizaron, repudiaron, explotaron y asesinaron bolivianos, sobretodo indígenas. La intervención opositora mencionada, tiene la visión absolutista, formalista y solapada de una élite minúscula opuesta no sólo política, sino también económica, social y culturalmente a las reformas demandadas y votadas por los bolivianos en 2005. Esto nos demuestra claramente la falta de disposición íntegra de la oposición a la refundación de la república, que es la razón y origen fundamental de la Asamblea. La historia boliviana recordará la testarudez opositora como el símbolo de la irracionalidad política de una oligarquía agonizante, y sus adeptos pasajeros, que pretendieron usar excusa legalistas, como el tema de la capitalidad, para tratar de afianzarse a los reductos de una sociedad corrupta subvencionada centenariamente por el trabajo de un pueblo forzado a la pobreza y al olvido.
Con el tipo de mentalidad presente de la oposición boliviana, muchos países no hubieran salido del período colonial, pero sí hubieran probado su incapacidad y falta de madurez para proseguir con tan formidable paso. Los asambleístas de Sucre, sobre los que recae toda la responsabilidad y peso del proceso constituyente, representan todos los sectores y regiones del país, pero primordialmente al sector mayoritario que es el más pobre, más necesitado, más abandonado y más enfermo del país. Si los pobres pretenden velar por sus intereses, todos los demás, en vez de resentirlos, debemos apoyarlos si pretendemos crear una nación justa, libre e independiente, con el mínimo de aspiración al modernismo y al progreso. La verdadera inconformidad y protesta social debe ser siempre contra la injusticia y la opresión del ser humano más necesitado- que es precisamente la razón por la que la mayoría marginada se levantó y encaró al monstruo del pasado durante la revolución social de 2005-, y no la defensa utilitaria de las complacencias mal adquiridas a las que algunos están acostumbrados. La causa primaria de los asambleístas debe ser, por lo tanto, la protección, a través de la Constitución, de todos los que no se pueden proteger a sí mismos, a sus familias, y a la patria milenaria.
Los cuadros de oposición política actual en Bolivia dieron rotundamente la espalda al pueblo cuando ejercieron el poder político por décadas. Hoy en día, los seudo-opositores al gobierno muestran todavía su indiferencia pancista hacia los intereses mayoritarios, cuando exigen- desde la primera hora del gobierno del presidente Evo Morales- que se garanticen sus privilegios e intereses, ganados a costa de la vida y el pan del resto de los bolivianos. Cualquier pestañar del gobierno es alertado por la prensa sumisa como una muestra más de incapacidad, donde no se evidencia tregua ni vocación patriótica alguna. Pero no pasará mucho tiempo antes de que los seudo-políticos y sus cándidos seguidores empiecen a recularse avergonzados ante la voz moral de la mayoría nacional, la investigación de fortunas y el consecuente castigo que caerá como una guillotina sobre sus cabezas. Hoy ya se ve cómo algunos políticos conscientes de la oposición empiezan a verter su alma a la patria y proceden con convicción patriótica.
La culminación de la codicia ciega de la oposición radical, se inició a tropezones en su mal cálculo político de abandonar el senado nacional y rehusar el deber parlamentario, justo cuando se debía votar la reversión de enormes cantidades de tierras en el oriente boliviano, adquiridas fraudulenta e inconstitucionalmente, durante los gobiernos oligarcas anteriores. El símbolo ególatra del pensamiento que consume a estos antipolíticos, fue gratuitamente ofrecida hace un año por el jefe de la bancada opositora en el senado que, de espaldas a la estatua de Murillo, a la catedral y a los ciudadanos congregados, emprendió con diabólicos gestos obscenos, que fueron transmitidos al país y al mundo como señal clara de la vulgaridad prepotente y amedrentadora de antaño, que no pocas veces terminaba con masacres obrero-campesinas. ¡Qué vergüenza, que a estas alturas, la falsa izquierda “Dom Pérignon” en su desubicación política se alíe a esta farsa de oligarcas racistas, pataleantes y chupa-medias!
Hoy se confirma el declive del poder y la organización de la oposición radical, acostumbrada a acaparar el poder político y entregar en retorno privilegios para pocos, pero indiferencia y agresión para la mayoría pobre de indios y mestizos. Hoy la oposición desequilibrada se parapeta en un regionalismo artificial, donde exalta los provincialismos de algunos mal informados que no saben cómo construir, ni siquiera ejercer, sus derechos autonómicos, justa y honorablemente obtenidos por luchadores de a pié. Si tan solo la prensa tradicional informara que las gestiones económicas y políticas del presidente Morales, y su honestidad en el manejo público, garantizarán por fin los presupuestos necesarios para ejercer esa autonomía, tan bien ganada por los trabajadores del campo y de la ciudad, y no por los terratenientes corruptos y los monopolistas usurpadores. La media luna deberá ser ofuscada por el radiante sol de la bolivianidad plena.
La incursión hacia el oriente boliviano, principalmente desde 1952, con enormes olas migratorias desde otras regiones del país, conformaron una de las áreas más productivas de la nación, y de la que debemos sentirnos orgullosos en sus triunfos. ¿Porqué embarrar este dinamismo económico con la estúpida defensa de tres o cuatro parásitos que producen solo alza de precios y ofuscan la competitividad, cuando el milagro productivo proviene del sudor y el consumo de miles que trabajan sin ventaja ni privilegio alguno? ¿Porqué prestar atención a líderes departamentales desconectados que van quedándose cada vez más rezagados en relación a los cambios inevitables de una Bolivia que aspira a la modernidad , al control de sus recursos, y a la ampliación de oportunidades económicas para mayor cantidad de trabajadores de los centros rurales y urbanos? ¿Por qué ese odio desmedido que enclaustra y revive tiempos coloniales y latifundistas, cuando el mundo entero se admira por el resurgimiento de una Bolivia fuerte y dispuesta a participar en el concurso de las naciones progresistas y democráticas del planeta? ¿Porqué aspirar a una Bolivia conocida por los problemas de estancamiento social, pobreza, narcotráfico y corrupción, cuando hoy empieza a apreciarse una versión nueva de una Bolivia que lucha por salir de la mendicidad, el atraso, la discriminación y el racismo, y que busca la dignidad para todos sus ciudadanos, encaminados al reencuentro con su glorioso destino?
Mucho de la oposición es simplemente una criminalidad disfrazada de tonos políticos para evitar, en lo básico, las investigaciones de fortunas mal habidas. Generalmente esta seudo-oposición se refugia en tendencias de ultra derecha o falsa izquierda, donde se atrincheran sin intención de resolver asunto alguno que no sea el que perjudique sus bolsillos. Además, la seudo-oposición antidemocrática utiliza canales mediáticos igualmente intransigentes, con la intención, casi al desnudo, de desestabilizar y provocar situaciones que eviten la lucha contra la corrupción y la refundación de la república.
La oposición política genuinamente democrática generalmente se identifica porque a veces tiene la razón otras no, pero que primordialmente se entrega al proceso de concertación y diálogo como camino a resolver los problemas patrios, sin ultimátum, insultos racistas, ni amenazas torpes.
La gran marcha nacional de los movimientos sociales bolivianos, al par de la tradición más noble de la historia mundial, fueron la razón y causa del advenimiento de la democracia participativa y la causa de la refundación de la república a través de la Asamblea Constituyente. La oposición nunca estuvo de acuerdo con esta constituyente porque amenaza el legado mórbido de la primera república de la que siempre serán miembros acreditados. La revolución social y democrática de 2005 pudo muy bien haber sido violenta y fulminante, pero la sabiduría andina optó por la vía democrática y no-violenta. En esta instancia, la oposición no tiene argumento moral válido contra el proceso revolucionario y justiciero de la Asamblea Constituyente. Tampoco tiene excusa por el allanamiento del senado nacional o las manifestaciones de circo. Pero la nación boliviana sí tiene el derecho de pedir a estos antipolíticos y oligarcas auto-coronados que no alcen el nombre de sus departamentos y de los bolivianos en vano, sin antes haber contribuido un mínimo de patriotismo y honestidad durante el proceso constituyente.
Jaime Otero-Zuazo 11/29/2006 LA GRAN MARCHA NACIONALLa Gran Marcha Nacional, es el camino que los ciudadanos de una nación recorren para encontrarse con su destino. Por hoy, los indígenas, hermanos mayores de la sociedad boliviana, nos muestran una y otra vez el camino al progreso humano, cuando marchan desde sus comunidades en pos de justicia. Cada vez que una comunidad indígena se encamina a los centros de poder para sentar palabra en el ámbito nacional, esta marcha complementa la Gran Marcha Nacional que es la básica y máxima expresión de la nacionalidad. Las marchas de las mujeres campesinas bolivianas, hace más de una década, para conseguir la atención y la justicia para con sus familias, nos mostraron el camino a la expresión no-violenta y efectiva contra el vilipendio histórico.
Al inicio de una marcha de estas características auténticas, se siente angustia corporal y miedo a la intemperie, pero rápidamente sobrelleva la convicción de estar preparando el camino para una posteridad justa. Los paladines de la marcha apuntan el camino a futuras generaciones y les encomiendan la gran tarea de empezar cuantas marchas sean necesarias hasta cumplir el compromiso con el destino nacional. La Gran Marcha Nacional se dirige firme hacia delante, convencida y reforzada por numerosos esfuerzos anteriores. No mira a los abismos de la política radical de la derecha o de la izquierda. Tampoco ve atrás, al desentendimiento del proceso nacional, que pretende perpetuar la tribu usurpadora, el embrutecimiento complaciente, y el abuso letárgico. Después de cavilar y parlamentar sobre la decisión de marchar, la comunidad despide a los bravos que van rumbo al mundo nacional donde saben que ya no están solos; y que hoy, más que nunca, se evidencia el surgimiento del verdadero nacionalismo, ausente en la Bolivia de 1825 y 1952. La Gran Marcha Nacional no es tan solo un sentimiento fugaz, es más bien la causa ungida de sangre y el esfuerzo de muchos otros actos de humanización y liberación de nuestra valerosa lucha social. Ahora bien: ¿por qué se imponen los anacronismos y las antipatías entre los ciudadanos de esta acribillada nación? ¿Por qué surgen los motivos provinciales que imperan impávidos e incongruentes como si se tratara de una pelea de gallos sin posibilidad de triunfo? Un historiador del futuro nos respondería sintéticamente: es por el egoísmo y la ignorancia. El egoísmo de acaparar las migajas del presente, en vez de compartir la abundancia del futuro; y la ignorancia de confundir la política con la vida. Si se entiende que la Gran Marcha Nacional en Bolivia no empieza cada vez que lo anuncian los medios, sino que es una marcha que ya trae huella de casi dos siglos; que lo boliviano no es tan solo la montaña, o los valles o los llanos, sino el país entero; que lo indígena no es tan solo la raza física, sino la cultura nacional resurgente, entonces los argumentos políticos deberán diluirse en el líquido cristalino del espíritu nacional. Para lograr esto, debemos trascender nuestros propios egoísmos y complejos, y permitir el imperio de la justicia, la razón y el saber, dejando atrás los prejuicios que tanto daño nos han hecho. En los discursos políticos se esconden fácilmente el racismo y el odio. Librémonos de esta retórica asfixiante y abrasemos nuestro traslúcido destino nacional. Fusionémonos a la causa indígena para así limpiar la mancha histórica que nos impide marchar como nación progresista y moderna. Acordémonos que la causa indígena es una de reivindicación y de reparación de las libertades y oportunidades hasta ahora negadas a la mayoría de la población; y que la causa indígena significa, además, la ampliación del saber y la capacidad de hacer de Bolivia una cuna de talentos y oportunidades sin preferencias. Pero también empecemos a abrazar la causa de todos los discriminados, entre los que se encuentran también la mayoría de los mestizos pobres. El oportuno y descuidado Gran Abrazo Indio-mestizo, bajo la tolerante mirada de la cultura materna nacional, sin intromisiones políticas doctrinarias, intereses sectarios, y complejos sociales, nos permitirá continuar la Gran Marcha Nacional hacia el triunfo nacional. No queda otro recurso más justo que iniciar una Gran Marcha Nacional donde los indígenas, mestizos y las minorías étnicas se dirijan con firmeza a culminar la liberación, emancipación y reivindicación de los injustamente explotados. Ya no se puede permitir los grandes sacrificios de mujeres, niños y ancianos pobres que se desgarran la piel en su afán de justicia: su marcha desde ahora debe ser sobre los hombros de la sociedad solidaria. Solo cuando se resuelva esta injusticia histórica, se podrá realizar la nación que todos deseamos. Mientras tanto existirá la desconfianza dostercista, la intolerancia institucional, la oposición a la reestructuración y re-configuración del Estado, la falta de legitimidad de las ramas del poder, la profusión del racismo, y la impunidad de la corrupción. Debe quedar claro, no obstante, que el liderato de esta Gran Marcha Nacional no podrá estar en manos de los políticos doctrinarios y cleptócratas de ayer, ni el interés usurpador de siempre. El camino tendrá que ser señalado por los hermanos indígenas, y apoyado por la conciencia nacional unida en justa y soberana demanda, para beneficio de nuestros nietos y de sus propios. Jaime Otero-Zuazo http://bolivia.indymedia.org/es/2006/11/36683.shtml http://www.bolpress.com/art.php?Cod=2006120713&PHPSESSID=f427b03be8b9b82036818b9d9439e07d http://chaski-guerreros-latinoamerica.blogspot.com/2006/11/nuevo.html 9/8/2006 ¿PODEMOS O NÓ PODEMOS?Podemos alegar que no somos de aquellos que sumieron a Bolivia en la miseria y el atraso, hasta convertirla en la nación más atrasada de América (con la excepción de Haití). Podemos pretender que los niños de la calle no existen, al igual que los pueblos hambrientos, enfermos e ignorantes, tanto en Oriente como en Occidente. Que la corrupción la heredamos de Adán y Eva y que siempre nos acompañará. Podemos aceptar que en Bolivia reina la “hipercorrupción” y que la transparencia es vergonzosa e impráctica. Podemos creer que el discurso oligarca es nuevo, aunque sea astutamente alterado (a la usanza de antaño cuando se embobaba a siervos ciegos, recoge-migajas y adaptadillos). Podemos ocultar el deseo acérrimo de ver fracasada la democracia participativa y mayoritaria en Bolivia, porque esto significaría el fin de torpes privilegios amparados en leyes putrefactas y el triste hábito de la explotación y la prepotencia. Podemos fomentar la estupidez de esbirros que, aún percatándose de su propia miseria, siguen fieles las patrañas de sus ídolos de barro, inspirados en temas inmorales como el racismo y la envidia. Podemos convencer a los tartufos y cortos de imaginación de que una educación justa es la que privilegia el repudio a la cultura mayoritaria, aspirando al concepto de que la educación tiene raza, religión y que se basa tan solo en una cultura comercial. Podemos aseverar que la riqueza de una nación viene de afuera hacia adentro, que los recursos naturales están mejor en manos de otros, y que lo que es bueno para la oligarquía es bueno para el país. Podemos creer que los negocios se llevan a cabo con privilegios, coimas y amistades, y que luego podemos demandar el respeto a la cultura de la propiedad. Podemos exigir que se nos respete, aunque hayamos maltratado, torturado y asesinado a nuestra propia gente. Podemos criticar el cambio revolucionario sin conocer los fundamentos de cada lucha social y las grandes injusticias que se cometieron con la mayoría indígena a lo largo de nuestra historia. Podemos despreciar la objetividad periodística e impulsar el mensaje parcial, facilitando la voz del opresor e insidioso por sobre la voz del pueblo. Podemos creer que en Sucre se está simplemente modificando la constitución exclusivista de 1825, una más de tantas en nuestra historia republicana. Podemos pretender ignorar la voluntad del pueblo y tratar a los constituyentes sin respeto y degradándolos. Pero lo que no podemos hacer es hundir a Bolivia de una vez por todas. No podemos despreciar lo que es nuestro fundamento cultural, alrededor del cual se levanta inevitablemente una civilización que nos identifica ante el mundo. No podemos ignorar la necesidad de aglutinar las fuerzas sociales para elevarnos como nación. No podemos dejar de investigar las fortunas ilícitas, caiga quien caiga, limpiando el suelo patrio de la escoria, si queremos una patria justa que dé orgullo a nuestros hijos, y nos brinde el respeto de otras naciones. No podemos permitir que el lobo se vista de oveja y se incorpore a la lucha libertaria, exigiendo democracia e inclusión para sus perversiones, cuando siempre practicó con exclusividad la “cleptocracia” y el abuso de poder. No podemos discursear al mundo “civilizado” pidiendo cordura y modales “decorosos” en desprecio de nuestra propia cultura, destinada a contribuir decisivamente al progreso humano mundial. No podemos dejar de ser un pueblo originario que impulse un futuro de justa humanidad por el camino de la ciencia y la tecnología creativas. Hoy en día las cosas han cambiado y no podemos volver atrás. Bolivia dejaría de ser Bolivia, y se convertiría en tierra de nadie, totalmente avasallada por intereses ajenos o egoístas. Los movimientos sociales dieron a luz una nueva patria contundentemente comprometida al cambio milenario esperado por los bolivianos y por el mundo. Bien podría haberse producido una revolución crucial que destrone efectivamente el centenario orden oligárquico y lo sustituya con una nueva república de un solo plumazo. Sin embargo, en una muestra de madurez, inteligencia y nobleza ancestral, se optó por el proceso democrático. Los ladrones y déspotas de ayer, en su utilitaria ceguera de siempre, ven debilidad en este proceder y, en vez de contribuir al éxito de Bolivia, se oponen tercos a cualquier cambio que perjudique sus privilegios subrepticios. No podemos medir con la misma regla histórica a la tercera revolución boliviana con la que evaluamos cualquier otro episodio de gobiernos alucinados. Más bien, debemos encausar todas nuestras energías a la conclusión exitosa del cambio revolucionario, narrado, escrito y certificado por el pueblo mismo. El impulso y la valentía de los movimientos sociales, hoy se perfilan como una transformación revolucionaria total de la sociedad boliviana bajo la maternidad de la Asamblea Constituyente. Los esbirros del pasado injusto y cruel, confiados en la sumisión de sus seguidores racistas e ignorantes, pretenden rehacer lo finiquitado y contundentemente despreciado, asumiendo liderazgos caducos, inspirando sentimientos falsos, y recreando el circo del pasado donde el objeto de burla fue siempre el pueblo. La Asamblea Constituyente es suficiente amenaza a la estabilidad y predominio de la corrupción, la injusticia, la desidia y la mentira. Pero aún queda la eterna opción revolucionaria de sagaz empeño y lucha. Donde era fácil robar y abusar se presentan sólidos los obstáculos de la verdadera democracia, la competencia económica, y la solidez legal. Podemos jugar el juego a nuestra manera, con nuestros viejos trucos, pero ni el pueblo mayoritario ni sus descendientes lo permitirán. No podemos optar por destruir la patria tan sólo porque nuestro propio mundo de privilegios se desmorona. Lo que no podemos, en consecuencia, es sacrificar a Bolivia en el proceso de nuestro propio egoísmo.Jaime Otero-Zuazohttp://lists.econ.utah.edu/pipermail/reconquista-popular/2006-September/001797.html5/14/2006 LAMENTO BOLIVIANOHoy se siente cómo empieza a disiparse el llamado “lamento boliviano”: aquel por el cual los políticos tradicionales sometieron a cruel oprobio a un pueblo pobre, hambriento, enfermo y analfabeto, además de agachar las cabezas ante gobiernos y empresas extranjeras en indiferencia sumisa y conveniente. Por su parte, el pueblo indómito y mayoritariamente indígena, apenas tuvo la oportunidad histórica, optó por marchar altivo hasta derrumbar ese torpe status quo político. Aunque el camino recién empieza, y quedan muchos temas sociales por resolverse, ya no hay vuelta atrás a la realización del cambio que se avecina, sobretodo a partir de la refundación de la república en Diciembre de 2007, y tras la adopción de la nueva Constitución. El pueblo boliviano se encarga de salvarse a sí mismo, pero queda aún la labor de romper el yugo de la incomprensión y desconsideración internacionales. Y no es que tan solo se trate de explicar la retórica principista y la ideología socialista del gobierno boliviano frente al mundo, sino que queda por resolverse el legado de la sumisión lucrativa que está sellado en las relaciones externas de Bolivia. Por años, la agenda que Bolivia desarrolló con los centros de poder mundial fue una de unilateralidad, donde el comportamiento económico, político o financiero de Bolivia era premiado con asistencia financiera o comercial. Últimamente, se usó el anzuelo del libre comercio como Paititi a la genuflexión funcionaria boliviana. Las misiones que se llevan a cabo bajo este modelo sólo tendrán como resultado la confirmación de la unilateralidad de siempre, o un simple “vuélvase mañana”. Acordémonos que los negociadores internacionales sólo responden a la pregunta que hubiesen querido que se les pregunte, y no entienden cambios en las bases de negociación que no han sido cultural y políticamente absorbidas. Por esto, se requiere la definición de lo que significan los cambios que se dan en Bolivia en un contexto mundial. Un país con una superficie geográfica semejante a California y Tejas, y con tantos o más recursos naturales, no puede continuar negociando bajo apariencias irreales de una isla del Caribe. Bolivia tiene que definir su política exterior de acuerdo a su realidad revolucionaria actual, su importancia geopolítica y su potencial económico, imponiendo este criterio en una negociación pragmática de temas que componen lo que se denomina “la nueva agenda bilateral” frente a éste u otro país. Sólo así se romperán las cadenas del desentendimiento de los intereses bolivianos en el mundo. Con valentía y un istinto de estadista lúcido, el presidente Evo Morales carga en sus hombros todo el peso de transmitir el nuevo mensaje que muchos sabemos es el correcto para Bolivia. No obstante, se requiere de una política enunciada bajo los canales de la diplomacia proactiva, la comunicación moderna, y una metodología eficaz, más que un discurso plenipotenciario. Es allí donde se tiene que partir de los tres pilares que explican las acciones que a diario se toman en Bolivia. Primero, la búsqueda de un desarrollo económico equitativo e inclusivo que tiene como meta la erradicación de la pobreza, el analfabetismo y las enfermedades infecciosas. Segundo, la resolución de la crisis social que tomará de 10 a 15 años en aclararse y en satisfacer las necesidades de la mayoría indígena. Y tercero, la promoción de la gobernabilidad democrática mayoritaria, participativa y transparente que empezará con la refundación de la república. Por esto se nacionalizan los hidrocarburos; se distribuyen las tierras improductivas; se investigan las fortunas mal habidas; se cuidan los bosques, las fronteras y la naturaleza, y mucho más. El obstáculo crucial a la efectividad de este enunciado es la falta de identidad cultural que las misiones bolivianas en el exterior muestran a diferentes niveles. Se tiene que empezar, entonces, a democratizar estas instituciones ante las comunidades emigrantes, mayoritariamente indígenas y contribuyentes de más de mil millones de dólares en remesas al país por año. Pero, principalmente, se debe exportar, a través de estas misiones, la Cultura Bolivia. El mundo entero, fascinado con la representatividad del presidente de los bolivianos, no espera menos que constatar esa identidad cultural que permitirá a Bolivia expresarse mejor. El más grande impedimento en las negociaciones internacionales, es la falta de identidad cultural que se trasmite. Muchos funcionaros dan la impresión de hablar por sí mismos, sin peso ni respaldo de lo que históricamente sucede en Bolivia, faltando el entendimiento y la articulación de lo que es el Plan Boliviano y su vigencia en el mundo. La conformación geopolítica del hemisferio occidental responde a la dirección político-económica trazada por países como Costa Rica, Chile, Brasil, Argentina, Cuba, Colombia y Uruguay, además de la expectativa sobre los posicionamientos de Bolivia, Méjico, Perú, Ecuador y las naciones de Centro América y el Caribe. En la actualidad se destaca la dirección independista y estatista de naciones como Bolivia, que despiertan, al mismo tiempo, aguda crítica y apoyo de centros de poder mundial en Europa, Asia y, por supuesto, el hemisferio occidental. La genuina, transparente, e históricamente justa proyección de la política boliviana, con su emergente democracia participativa- nunca antes vista en este país andino- da campo de respiro al gobierno boliviano en su afán de promover justicia social por medio de un cambio en las ecuaciones políticas y económicas nacionales. En el caso de los EEUU, la ideología política boliviana y sus manifestaciones principistas toman segundo plano a las consecuencias- incluso percibidas- que las medidas políticas y económicas adoptadas por el gobierno boliviano tienen en el hemisferio y el mundo. El mensaje boliviano debe ser claro a los centros regionales (Brasil y Argentina), hemisféricos (EEUU y Méjico) y mundiales (Europa y Asia), y debe constituirse en lo que damos por llamar: el anhelo boliviano. Jaime Otero-Zuazo http://www.bolpress.com/opinion.php?Cod=2006051512 http://www.masbolivia.org/nacional/politica/lamento.htm http://bolivia.indymedia.org/es/2006/05/29392.shtml http://es.geocities.com/bolethermes03/boletin292.htm http://www.agorabolivia.net/view.php?idMenu=95062&&idSeccion= 4/12/2006 GANANDO EL RESPETO Y EL DERECHO A LA CRÍTICAYa no hay vuelta atrás. Todo empezó con el grito airado de las mujeres bolivianas exigiendo justicia ante el despojo de nuestra humanidad por los gobiernos tradicionales; luego vino la imponente demanda constitucional indígena para una refundación republicana justa; y finalmente la multitudinaria movilización social pidiendo el auspicio de nuestros propios recursos en respuesta a la corrupción crónica y la falta de legitimidad gubernamental que atienda las necesidades de la mayoría nacional. Todos estos eventos históricos impulsaron la marcha por la soberanía nacional y la legitimidad política en Bolivia que fue acumulando empuje hasta destronar, de forma no-violenta, la injusticia, la opresión y la mentira. Tras el voto mayoritario de los bolivianos en 2005, se vislumbra un destino claro y acorde a nuestras esperanzas, acompañado del grito libertario que se desgarra de lo más profundo de nuestros seres, haciéndonos concientes de que esta causa es la causa de la mayoría nacional sedienta de oportunidad, triunfo y progreso. Lo que venimos forjando por décadas con nuestros brazos y nuestras vidas curtidas en la historia que nos tocó vivir es en esencia la tercera revolución boliviana, que la sentimos con la intensidad de nuestra propia existencia y nuestro intelecto sobrio. La entereza de nuestra lucha por la patria es incuestionable por cuanto proviene del más genuino deseo de bienestar para todos, sin exclusión ni desaires. Las amenazas que surgen en nuestro camino, tratando de interrumpir la historia e interponerse al curso de la reivindicación nacional y el inicio de una república auténtica, no pueden sino ser repudiadas y rotundamente aplastadas por el peso moral de la nueva patria que germina airosa sin destrucción ni mutilación de la fragilidad humana. A la amenaza respondemos con el repudio patrio; a la intimidación con la mirada ardiente de siglos; al embrollo en cuajos con la verdad directa, altiva y tácita. No podemos ser menos porque tenemos que responder al futuro. No podemos flaquear porque nos tenemos uno al otro hasta el fin, seguros y firmes en el empeño de haber logrado la oportunidad de definir nuestro futuro y rehacer la ignominia disfrazada de institucionalidad. La máscara cayó y reveló el engaño desnudo y horrendo de siglos. El mundo entero ya conoce nuestra trágica historia y la repudia. Las naciones ven nuestro rumbo con orgullo y esperanza. Y nosotros respondemos como mejor sabemos: con la fuerza de nuestra humanidad entregada a sedimentar una verdadera civilización. El ama sua, ama quella, ama llula, ama llunk’u será la base de nuestra constitucionalidad, nuestra sociedad y nuestra proyección al mundo. Los bolivianos estamos dispuestos a seguir el curso de nuestro destino sin temores ni titubeos, confiados en nuestra transparencia y dedicación. Tan sólo así podremos ganar el respeto y el derecho a demandar y criticar a futuros gobiernos, y no como los que hoy fácilmente se asignan este derecho sin fundamento moral ni ejemplo trazado, usando la única marca de su pasado siniestro: la manipulación y el fraude. La turba de ayer apuesta a la amnesia histórica en sus últimos suspiros de mala vida, que tan solo afecta a elementos de débil carácter. La Asamblea Constituyente es el llamado de un pueblo unido y visionario a ejercer el derecho de escribir los renglones que nos transporten al futuro como nación viable. Para esto, las generaciones de hoy se alzan a la altura de la historia y emiten su veredicto: queremos una Bolivia mejor para nuestros hijos y nuestros nietos. La Asamblea Constituyente nos dejará el legado de una nueva y mejor República bolivariana y una nueva Constitución para protección y sostén de nuestro futuro nacional. Esta será la piedra triangular en la reestructuración del Estado. Aferrémonos a este anhelo nacional que es el derecho de todo ciudadano para ver realizados sus sueños patrios y constitucionales en plenitud. Mostremos a los pocos escépticos, que van quedando rezagados en el lodo de los vicios políticos de ayer, que se puede encontrar en lo más mínimo la esencia universal de la materia; que se puede arrancar la lacra del cuerpo político nacional dejándolo limpio, erguido y encaminado hacia el calor del sempiterno sol. Que juntos podremos imponernos al egoísmo, la intolerancia y el apetito personal que enceguecen y confunden en esta época tan crítica de nuestra historia. Que la marca más sólida de las mujeres y de los hombres que se llaman bolivianos es la capacidad de sacrificio en aras del futuro de nuestros niños y el cuidado de nuestros ancianos y discapacitados. Surjamos como ráfaga de viento propicio en vuelo a un cielo andino iluminado de cultura democrática. Respetémonos el uno al otro, sobretodo al más necesitado y al más olvidado de los seres, porque todos valemos. Como nos dice el Popol Vuh de los Mayas: veamos en el prójimo nuestro “otro yo”. Qué triste se evidencia la desesperación y el miedo de los verdugos del pasado al ser expuestos y enjuiciados. Qué poca nobleza se exhibe en el pataleo histérico de los que tienen que purgar culpa, claramente acostumbrados a la impunidad acompañada de la responsabilidad soslayada. Este es el momento que nos impone la vida para demostrar nuestro temple, nuestra perseverancia y nuestra disciplina, y no la ocasión de sucumbir a las debilidades pasajeras del egoísmo humano. Confiemos en nosotros mismos y en nuestro destino; esta fortaleza nos llevará al buen fin. Seamos, por lo tanto, bolivianos y bolivianas de verdad. Jaime Otero-Zuazo http://www.bolpress.com/articulo.php?Cod=2006041602 http://www.rebelion.org/noticia.php?id=30056 http://warakazo.blogspot.com/2006_04_17_warakazo_archive.html 4/9/2006 SU MARCA FUE EL FRAUDEPor fin se estrenó en Washington la película “Our Brand is Crisis” (Nuestra marca es la crisis). Esta frase fue acuñada por el equipo de asesores de Greenberg, Carville & Shrum (GCS), contratados por Gonzalo Sánchez de Lozada (alias Goni), como bandera de guerra eleccionaria junto al eslogan “sí se puede” durante la campaña del MNR en 2002. Luego de haberse transmitido a través del canal de televisión HBO vía satélite (excepto en Bolivia precisamente durante las elecciones nacionales de 2005) esta documental de la directora Rachel Boynton fue lanzada como película en los EEUU en marzo de 2006, habiendo ganado un par de galardones como documental, y sin mucha concurrencia lo cual podría acortar su exhibición en este país. El tema de Goni está trillado; él es un personaje de negocios que tristemente llegó al poder, y en cuyo rededor aglomeró a los más débiles, manipulables y corruptibles caracteres de todo una generación de tecnócratas que conformaron gobiernos cleptócratas “nouveau riche” de ridículas ínfulas aristocráticas y racistas. Lo de Goni terminará en la cárcel o en el desprecio histórico. El fraude e inmoralidad con que se tejió la conducta electoral del MNR en 2002 no tiene excusa. El resultado de esta debacle política la conocemos todos. El pueblo boliviano, que de acuerdo a Goni no tiene suficiente sofisticación (”la opinión del pueblo es como usar un cuchillo para hacer cirugía”- nos dice en la película), decidió expulsarlo a él y a su séquito a la ignominia. Jaime Otero-Zuazo http://www.opinion.com.bo/PortalNota.html?CodNot=111393&CodSec=30 http://lists.econ.utah.edu/pipermail/reconquista-popular/2006-April/038632.html 3/24/2006 LA BOLIVIA DE EVO MORALESEn el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Washington, el director ejecutivo por Bolivia, Paraguay y Uruguay, Jorge Crespo Velasco, auspició una conferencia del escritor boliviano Edmundo Paz Soldán. El Auditorio Cultural Iglesias del BID fue el escenario de una exposición intitulada: “In Evo Morales´ Bolivia”. La charla fue dada en inglés en un recinto donde 99% hablaban español. La idea, aparentemente, consistía en ilustrar la situación actual de Bolivia a la pequeña audiencia anglo-parlante. El título y la charla parecieron indicar que la “Bolivia de Evo Morales” no era precisamente la del conferenciante, o por lo menos no la entendía. Paz Soldán advirtió haber criticado algún día a Carlos Fuentes, otro escritor, por su afán de analista político de cualquier suceso en Méjico, como ser el tema Zapatista, y a Mario Vargas Llosa por el mismo empeño en figurar hasta en lo que no le compite. No obstante, sin respirar, Paz Soldán procedió a presentar su análisis político y económico, en términos más bien anecdóticos, sobre el MAS y Evo Morales. En Octubre de 2003, el entonces vicepresidente de Bolivia, Carlos Mesa habló en el Centro de Estudios Internacionales Estratégicos (CISS) en Washington sobre el tema exclusivo de Evo Morales. En ese entonces, ante una audiencia mayormente estadounidense, Mesa tildó a Morales de terrorista y antisistémico; y se burló del “ama quella, ama suya y ama llulla” insinuando que fue inventado porque los mismos indios eran ladrones, mentirosos y asesinos. Un mes más tarde, como presidente accidental de Bolivia, Mesa trataba servicialmente de buscar el apoyo indígena y de Evo Morales a como de lugar. De esta manera una fila de oficiales de gobiernos anteriores han concentrado sus disertaciones en el tema de Evo Morales, asegurando que lo peor de y para Bolivia se apegaba a ese nombre, provocando nada más que bostezos en los gringos, muchos de los cuales conocen la verdadera Bolivia más que los conferenciantes. La charla de Paz Soldán parecía destemplar, poco a poco, cualquier noción de liderazgo y progreso en la Bolivia de Evo Morales. Empezó analizando la torta de Coca presentada en el Palacio Quemado, durante los recientes actos de posesión presidencial, donde Paz Soldán asistió como corresponsal. Algunas observaciones pasaron de tono a una especie de burla de la ineficacia y contradicción de las políticas del gobierno del MAS; y por supuesto, procedió con la proverbial mofa del vestir de Evo Morales, llegando a insinuar que tal vez no sea genuino representante de los indios bolivianos- algo así como un reciente artículo de Vargas Llosa que denegó a Evo Morales Ayma ser indio por su apellido. En fin, frente a los retos, el espíritu y anhelos profundos de los bolivianos hoy en día, la conferencia transparentó trivialidad y sarcasmo, con poca expresión válida para instruir en algo a los tres gringos concurrentes, que bostezaban como focas esperando emigrar a otro glaciar. Fue una clásica caricia paternalista de la “intelectualidad de izquierda Dom Pérignon” que frota la vanidad de los reductos oligárquicos, últimamente magullados por la elección de un indio que, como Paz Soldán achacó a su propio nido familiar, padecen de racismo crónico. Lo cierto es que el MAS y Evo Morales, impulsados por las movilizaciones sociales, nos presentan con la tercera oportunidad en la historia de Bolivia de institucionalizar el proceso de cambio de una política tradicional inservible a una política modernista necesaria para encarar los asuntos económicos y sociales de hoy y el futuro. Nos despertamos a la oportunidad única de efectuar un cambio institucionalizado, tras el plebiscito de 2005, donde el MAS ganó con 54.7% del voto nacional, a pesar de una depuración millonaria de votos indígenas. El orden político genérico en Bolivia solo existió hasta los años 1930 cuando se excluía al 85% de la población, incluyendo a las mujeres. Desde entonces, la llamada “gobernabilidad” solo tuvo dos oportunidades: la Revolución de 1952 y la restauración de la democracia representativa en 1982. La revolución de 1952, descuidó la institucionalización necesaria del cambio, sobretodo en lo referente a la inclusión y apertura a la mayoría indígena. A pesar de las reformas económicas instauradas, el gobierno tampoco pudo integrar completamente el movimiento obrero-sindical a la revolución, lo cual promovió caos político y movilizaciones que terminaron con la instauración de uno de los más clásicos ejemplos de pretorianismo en Latinoamérica. La funesta etapa de gobiernos militares, levemente impulsada por el pacto militar-campesino que fue traicionado por la dictadura de Bánzer, precipitó la “desinstitucionalización” de las FFAA, sobretodo en el gobierno de García Mesa. La segunda oportunidad de solidificación legítima del edificio político de la nación ocurrió en 1982, con el retorno de la democracia representativa con Siles Zuazo. Sin embargo, trágicamente se repitió el error político de 1952, esta vez resultando en un orden político “patrimonial-ventajoso”, donde hasta los partidos de izquierda se dedicaron al abandono de la patria y optaron por el cuidado de los bolsillos y las cuentas bancarias de la “cleptocracia” imperante. La culminación de este proceso fueron los gobiernos de Paz Zamora, Hugo Bánzer y Sánchez de Lozada, este último personificando lo pero de la política boliviana para la posteridad histórica. Una vez más, como siguiendo la tesis política tercermundista del caos y el orden, las movilizaciones sociales alzaron rumbo fuerte hasta destronar a dos gobiernos y precipitar la más significativa e histórica elección de la historia boliviana en diciembre de 2005. Cabe recalcar para la historia el hecho de que estos movimientos sociales en Bolivia tuvieron la misma fortaleza humana y moral de las grandes movilizaciones mundiales, como la de India de Gandhi, o la Sudáfrica de Mandela. El MAS no es un taxi-partido de antaño, y la Asamblea Constituyente no será una Asamblea Popular en pañales. Es importante que la lucha de civilizaciones andino-occidental se explique al mundo en términos de un orden político necesario para fundamentar naciones como Bolivia bajo una democracia participativa que impulse un desarrollo humano y nacional integrado. El anecdotario y el sensacionalismo de la prensa y los comentaristas livianos no hacen más que desvirtuar la lucha y el anhelo de los pueblos y su reivindicación. La bandera boliviana debe flamear al viento del entusiasmo y el amor a una pachamama que nos brinda todo y que merece compromiso de espíritu fuerte y altruista, y no acomodación circunstancial de acuerdo al salón social donde nos encontramos. Tenemos que elevar nuestro discurso a la altura de nuestros principios y sentar palabra como una nación de vanguardia, el mundo no espera menos de nosotros, especialmente los 300 millones de indígenas que pueblan el planeta desde las Filipinas hasta la Amazonia. Jaime Otero-Zuazo http://www.bolpress.com/opinion.php?Cod=2006032601 http://www.opinion.com.bo/PortalNota.html?CodNot=108599&CodSec=22 http://www.blog.ivcdteam.org/archive/2006_03_01_archive.html http://bolivia.indymedia.org/es/2006/03/27686.shtml http://www.redindigena.net/noticias/boletines/572.html#2 http://patch.tigblog.org/post/37128?setlangcookie=true http://www.prensaindigena.org.mx/Noti71.html
http://www.blog.ivcdteam.org/archive/2006_03_01_archive.html 3/19/2006 METODOLOGÍA DEL PROGRESO HUMANO ICuando hablamos de ciencia, muchas veces pensamos en la imagen proyectada por la tecnología, en especial los últimos adelantos, o lo que de catastrófico o fantástico viene a la mente. Nos imaginamos el computador, las naves espaciales, el rayo láser, los satélites, y las nuevas medicinas; pero también pensamos en las armas nucleares, la devastación del ambiente y la manipulación de la genética. Como dijo Freud: “El Occidente es un mundo esclavizado por su propia imagen”. A la ciencia le asignamos la causa de todo lo bueno y lo malo que se hace con ella, pero no lo que de verdad es ella- como se le asignaba a la “magia negra”, en la época medieval, el poder de cambiar la naturaleza con un simple abracadabra. Si embargo existe una contradicción clara en este argumento; porque en sí, la ciencia se mantiene inerte –como una hoja de coca- hasta que el científico teórico la captura de la naturaleza, la eleva a la superficie a través del proceso o método científico, y la revela desnuda, con todas sus características naturales, al resto de la humanidad. Ahora bien, si años más tarde se desarrolla la tecnología que hace de la hoja un estupefaciente, y en otro plano los narcotraficantes se enriquecen vendiéndola a costa del sufrimiento de todo un pueblo, entonces: ¿a quíen culpamos: a la hoja de coca, al científico que la estudia, a la tecnología, al narcotraficante, o al consumidor? El caballo de montar, desarrollado por el hombre durante la primera Revolución Biológica de hace 10.000 años, fue utilizado para la carga y el transporte hasta que individuos como Ghengis Khan y los conquistadores españoles lo utilizaron para devastar la humanidad europea e indígena. Hitler no inventó el tanque de guerra y sin embargo devastó Europa con él. Si hubiese decidido usar el caballo, otro hubiera sido el curso de la historia del siglo XX. Con mucha dificultad conceptual se puede echar la culpa a la ciencia de los usos que se hacen de las tecnologías derivadas. La ciencia renace cada vez que la mente humana descubre un nuevo aspecto de la naturaleza. Esta novedad natural observada por el hombre o científico, puede quedar inerte o convertirse en tecnología de uso social; así lo observamos en el uso de los animales y el arado en la Mesopotamia, o la destreza de la mano y los quipus en la civilización Inca. Como dice el refrán: el cuchillo no mata, el hombre mata. La política doctrinaria- comos ser el nazismo- es un fin es sí, que usa cualquier instrumento para conseguir imponerse La más singular de las cualidades humanas es la capacidad de planear y conceptualizar. Esta facultad aísla al hombre del resto de los animales y lo convierte, como dijo Eric Fromm, en “el más indefenso e ingenuo de los animales”- porque ya no se vale de su instinto animal solamente. Esta capacidad, que los griegos llamaban “logos”, le da al hombre el poder de liberarse y forjar su propio destino a través del conocimiento. En palabras de Amado Nervo: “El hombre es el arquitecto de su propio destino”. En este caso nos referimos al hombre interior e intelectual, porque el verdadero individualismo del hombre surge conforme se revela su trabajo creativo, producto de su mente imaginativa, dentro de un contexto social. No pretendemos que los científicos, que son tan humanos como cualquiera, y menos los doctrinarios, se hagan cargo absoluto del destino social. El hombre que mejor puede conducir su destino y el de su patria es el hombre creativo que usa una metodología inductiva y creativa, de observación y renovación, que no reconoce doctrinarismos, sobretodo de tipo político. El hombre al que me refiero es aquel que asume su responsabilidad social y usa su capacidad creativa, para identificarse como ser racional. Este espíritu de vida creativa lo comparte por igual el carpintero y el físico, el poeta y el microbiólogo, o el pintor y el médico. El científico se involucra personalmente en su trabajo, como lo hacen el poeta y el pintor. Cuando un hombre usa el lenguaje, o pinta o esculpe, o penetra en los conceptos simbólicos de la física, se despierta en él un placer por la exploración de su propia actividad. Este sentimiento está en el corazón de la creatividad humana. Esto es tan válido para los científicos teóricos como para todos los seres creativos. Un científico que trae originalidad a su trabajo, tiene el mismo sentimiento de orgullo y lucidez en el descubrimiento, como el poeta al juntar las palabras. Esta es la verdadera liberación del espíritu humano, como consecuencia de la expresión original de su capacidad creativa. De esta experiencia, además, se derivan los verdaderos valores humanos que sirven de alimento al progreso humano real- porque el hombre tiene que progresar, no regresar. Los valores de la ciencia, propiamente entendida, no se derivan de la virtud de los científicos, ni siquiera del dedo acusador de los códigos de conducta profesional. Los valores de la ciencia, a los que me refiero, se derivan de la práctica misma de la ciencia. Es decir, son condiciones ineludibles de su propia práctica. En términos sencillos: si algo está mal se corrige, no se perpetúa en el afán inútil de probar algo, como lo hizo Stalin, con terribles consecuencias humanas. Estos son los conceptos básicos con los que se alimenta la educación científica de las sociedades más avanzadas, constituyéndose en arma secreta (para los que no captan su significado) de progreso y desarrollo en el siglo XXI, a pesar de los doctrinarismos. Lo que planteo aquí, no es, por lo tanto, una teoría científica de cómo manejar la sociedad, pero más bien el uso de la teoría en sí- la misma que me da la libertad intelectual de poder exponer este modelo-, como campo en común entre el científico y el ser racional creativo y original. Este es un modelo dinámico que puede servir de referencia intelectual para establecer el diálogo científico-social. No propongo una doctrina, sino lo contrario: una metodología de búsqueda de solución a los problemas sociales a través del pensamiento inductivo y la creatividad que como atributos del trabajo científico son más afines con el concepto racional del hombre y su necesidad de progreso en términos humanos. Jaime Otero-Zuazo Jaime Otero-Zuazo
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