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    14/07/2005

    INDIGENISMO EN BOLIVIA: ¿A QUÉ VIENE EL MIEDO?

    Tenemos que ser más lúcidos a lo que aspiramos, sin achicarnos frente a nuestro destino.

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    La prensa de ayer, como todos los días,  implora apertura comercial con todos, hasta con la China y Chile, pero no menciona abrir las puertas de palacio para el paso triunfal del pueblo bajo un umbral de esperanza, paz y progreso. Se aspira a tratados de libre comercio, pero no se menciona el trato que se da a la mayoría subyugada y oprimida. Ante el planteamiento de la creación de fuentes de trabajo, el gobierno opta por análisis académico. Si no se entiende el concepto de mayoría en una democracia, entonces se ignora los asuntos mayoritarios, esto, en sociedades democráticas civilizadas significaría un aumento drástico en el desempleo de los políticos.

    Los partidos tradicionales pretenden resucitar cambiando “cosméticamente”, pero no saben que el único cambio que les evitará la autodestrucción es apoyar la asunción del pueblo al poder. El ADN se enfrentó al pueblo cochabambino y quedó inmediatamente relegado al museo histórico. El MNR pretende deshacerse del fantasma de Sánchez de Lozada, pero le queda el fantasma mayor: haber profundizado la división del país por ambición y corrupción. El MIR (el partido de los “jóvenes” de la izquierda “Dom Perignon”) muere por idolatría, corrupción y oportunismo.

    Los politólogos hablan, con formalidad académica, de “incorporar”  al pueblo en este u otro programa de gobierno futuro. A estas alturas de la transformación social  y política en Bolivia, el pueblo no necesita incorporarse a nada que no sea el poder político y las propias empresas estatales, tomando control efectivo de la conducción del destino de la patria. En cambio, la cuestión más realista, dada la fuerza con la que el pueblo se expresa hoy en día, es que la mayoría nacional una vez vestida de los poderes del estado, sea magnánima y protejan los derechos humanos de las minorías, como éstas nunca lo hicieron.

    No es el papel del gobierno el de incluir a nadie, sino a todos, partiendo de la mayoría nacional. En primera instancia, el gobierno existe en función y representación de los intereses del pueblo mayoritario- democráticamente hablando. Luego es el defensor de los derechos de las minorías. En mayo y junio de 2005 el pueblo se expresó ferviente, ahora es el turno de los políticos de despertarse del estupor somnífero que les aqueja por casi dos siglos, y capten la realidad endémica de lo que Bolivia es y puede ser en todo su esplendor: la principal nación indígena del mundo, poniéndole al frente de 300 millones de indígenas: el equivalente a Europa o a los EEUU. ¿Por qué el miedo de asumir ese papel? ¿Porqué nos achicamos a esta responsabilidad que nuestra humanidad nos lo impone?

    Mucho de lo que ahora se piensa como extremismo se considerará en la historia como una lucha libertaria de un pueblo oprimido que nunca se rindió, y que persistió en encontrarse con su propio destino. No se trata de una invasión de Marte, pero más bien de una realización y madurez de lo que somos: seres humanos en busca de libertad trascendental. Muchos de los problemas que hoy parecen insolubles y que nos relegan al cuarto mundo al par de las naciones más pobres (convirtiéndonos en socios honorarios del mundo de la miseria), desaparecerán por simple inconsistencia ante una nueva Bolivia progresista: si se cura la enfermedad ya no se necesita remedio.

    Después del fracaso al que nos han llevado los gobernantes de la primera república, la simple sabiduría del pueblo se convierte en la justa y práctica alternativa. Las naciones que triunfan son las que confían en su pueblo y en su capacidad de remontarse hacia el futuro, no las que se aferran con paternalismo y egoísmo a modelos, proyectos, ingenierías o experimentos alucinantes. El doctrinarismo desviste la capacidad creativa del individuo y de la sociedad, y la entregan a la sumisión y al olvido. La Unión Soviética pasó 70 años tratando de probar que el estalinismo podía triunfar, resultando en millones de muertes y un pueblo hundido en el abismo sociopolítico, para luego dar vuelta atrás. Hoy en Bolivia tenemos la oportunidad de definir nuestro propio futuro: pocas naciones pueden darse ese lujo. Casi dos millones de bolivianos dispersados por el mundo aplaudirán este acto de civilización, que nos introducirá de la mano y con orgullo al concierto de las naciones, a través de un umbral de esperanza y progreso. Eso es lo que el mundo civilizado espera de nosotros, esa es la mejor imagen que podemos orgullosamente entregar a un mundo civilizado que no espera menos de nosotros. Una vez purificado el país de obstáculos al verdadero progreso nacional, los demás problemas irán cayendo en justa resolución civilizada e integral.

    Si fiamos a ladrones e incapaces con nuestros votos: ¿por qué no podría confiarse el destino al pueblo mayoritario en las próximas elecciones? Si regalamos las materias primas a cuentas foráneas, ¿porqué no depositar nuestra fe en los nuestros para explotar los recursos naturales, y realizar las inversiones nacionales tan necesitadas? Si se nos perdona nuestra deuda externa, ¿porqué no subsanar la deuda social incalculable que se ha contraído con el pueblo?

    Lo que cunde es el miedo. Miedo a perder el puesto, o el negocio, o la propiedad ilícitamente ganados. Los políticos temen ser desplazados por el pueblo en un santiamén. Sus puestos son, en muchas instancias, invenciones convenientes para acercar el pillo al robo. Esos trabajos deben ser pulverizados por un gran pisotón de reforma administrativa que sistematice la eficiencia y la ventaja económica con la transparencia. El negocio es noble cuando es honesto, sustenta el empleo, ayuda a la familia y a la sociedad. Pero si el negocio se convierte en un parásito económico que no genera más que divisas depositadas en el extranjero, entonces nadie debe apiadarse cuando los interventores toquen el timbre. La propiedad es lo que ganamos con el sudor de la frente, lo que conseguimos con gran esfuerzo y trabajo, ya sea nuestra choza o casa, nuestro auto o bicicleta. Pero si la propiedad es producto de robo a punta de pistola política, no queda más que hacer justicia e incautar los bienes mal habidos sin contemplaciones ni tardanzas. Este es el miedo de la escoria de la sociedad que prefiere ver a un pueblo convertirse en polvo y a un país desaparecer del mapa, antes de que se le esfumen de las manos los privilegios corruptos, parasíticos, y antisociales. La misma suerte correrá la empresa succionadora del patrimonio nacional, que la propiedad acumulada a fuerza de hurtos y abusos. Este miedo egoísta, débil y cobarde ha impregnado el resto de la sociedad complaciente desprovista del concepto de la perversión social e histórica que se comete.

    La fragmentación del voto es nociva a los intereses mayoritarios, y sólo se resolverá su fragilidad política cuando se proyecte una plataforma nacional conjunta que emita, por fin, la agenda del pueblo. La asunción al poder es la meta inmediata del pueblo. No debe permitirse que se le divida para conquistarle, más bien deberán unirse todos los  pueblos y todas las fuerzas: de Tarabuco a Villazón, de Huatajata al Chapare, de Copacabana a Chiquitos, de El Alto a San Ignacio, de Riberalta a Tarija.

    Para sentar la base de organización y desarrollo integral se necesita transformar el gobierno de una minoría monopolista y excluyente a una mayoría incluyente y unificadora. El pueblo está en la calle sin poder entrar a su propia casa, con el ladrón robando a sus anchas, tomando una y otra cosa a su antojo. La diferencia es que esta vez el pueblo tiene la fuerza moral y física para intervenir, arrestar al pillo y deshacerse de él, y dedicarse a disfrutar de su propiedad, de su familia y de su futuro. La misión futura del gobierno será la de resguardar a Bolivia de otra abominable injusticia social  como la de los pasados 180 años. La protesta del pueblo en la calle, su indignación ante un gobierno apático e ignorante, su desesperación ante el riesgo de su vida y la de los suyos, no es ser asistemático: es ser práctico, justiciero y visionario. Sin visión real de lo que Bolivia es no podrá en efecto mantenerse la nación boliviana. [ ARRIBA ]  

    Jaime Otero-Zuazo

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    http://bolivia.indymedia.org/es/2005/07/20828.shtml

    http://www.bolpress.com/opinion.php?Cod=2005001943

    Comentarios (6)

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    Imagen de Anónimo
    Helderfilipe11 escribió:
    desde já o meu mail

    helderfilipe_1@hotmail.com
    18 Julio
    Imagen de Anónimo
    Helderfilipe11 escribió:
    olha só uma pergunta
    Como é que meteste musica no teu blogg
    18 Julio
    Imagen de Anónimo
    Gustavo Soto Santiesteba escribió:
    Derechos indígenas Asamblea Constituyente

    Se discuten los temas que deben introducirse en la agenda de la Asamblea Constituyente, para un verdadero diálogo intercultural, particularmente el racismo

    Derechos indígenas en la Asamblea Constituyente

    A medida que la crisis política aumenta se han evidenciado las voces negadoras del otro expresadas tanto bajo la forma del desprecio y del miedo, como de la reivindicación y del resentimiento comprensibles aunque no justificables. Se han abandonado los circunloquios retóricos del mestizaje, de la asimilación y del paternalismo con los que se iniciaron las políticas de los Estados latinoamericanos respecto al así denotado “problema del indio” en los años 40. La crisis ha permitido que la visibilidad y la enunciabilidad de la estructura discriminativa y racista, constitutivas de la formación estatal boliviana —a pesar del 52 y de las reformas políticas y constitucionales del 94 y 2004— se hayan acrecentado.

    Disipado el proyecto homogeneizador en su posibilidad integracionista y, ya insuficiente la propuesta multiculturalista reflejada en el Artículo primero de la CPE, el nuevo pacto social no podrá omitir normativamente el tema del racismo, hasta hoy silenciado en el texto constitucional pues si se halla, está subsumido en el Artículo 6 que se refiere a la igualdad de los sujetos ante la constitución. Creemos que se debe abordar este tema --en sí mismo un requisito previo-- para establecer las condiciones mínimas de un inevitable diálogo intercultural, para poder transitar del miedo y el resentimiento al reconocimiento activo del otro. Al respecto existen argumentos e instrumentos suficientes en la normativa y los consensos internacionales (desde la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial diciembre de 1965, hasta el Proyecto de Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas: 1994, y del Proyecto de Declaración Americana OEA sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas 2003 que extienden el sentido de la discriminación hasta el concepto de genocidio cultural que sólo una ceguera suicida nos impediría asumir en el futuro texto constitucional.

    En Bolivia, globalmente las poblaciones originarias son mayoritarias y representan el 62% según los criterios de autoidentificación aplicados a personas mayores de 15 años. En tierras altas (56% de autoidentificación) algunas organizaciones indígenas plantean el uso descolonizador del principio de autodeterminación. Y algunas propuestas inspiradas o propiciadas por sus organizaciones promueven una Refundación plurinacional/pluricultural del conjunto del Estado boliviano y no solamente la instauración de espacios de autodeterminación al interior del mismo. Sin embargo, en tierras bajas donde justamente el horizonte discursivo indígena ha venido apelando a la normativa internacional, en especial al Convenio 169 de la OIT, los pueblos indígenas son minoritarios (6%) y la correlación demográfica --además de la ideológica y económica que los coloca en posición subordinada y marginalizada-- parece propiciar un uso de “autodeterminación” limitado al concepto de autonomía propuesto por el Proyecto de declaración de la OEA compatibilizando y negociando articulaciones y competencias sin que los Estados nacionales pierdan su soberanía.

    La autodeterminación significa fundamentalmente, el ejercicio de formas autónomas de gestión de sus territorios y de los recursos naturales, renovables y no renovables, en el marco del Derecho a la Consulta y Participación en los beneficios cuyo antecedente inmediato es el título indígena en la actual Ley de Hidrocarburos. En todo caso, inclusive un mínimo de autonomía y autogobierno indígenas (vía municipios indígenas, distritos indígenas o TCO´s autogobernadas basadas en sus usos y costumbres) serían un avance real en la conquista de sus derechos y ésa es la oportunidad de la nueva CPE que emerja de las deliberaciones de la Asamblea Constituyente.

    Autodeterminación significa también la plena vigencia de las instituciones y saberes indígenas en la toma de decisiones para diseñar y administrar políticas de desarrollo económico sostenible en el marco de sus propias culturas y expectativas (educación, salud, justicia, patrimonio intelectual, biodiversidad, forestería comunitaria, etnoturismo).

    Sin embargo, ese horizonte de derechos exige, como primera condición que la mayoría demográfica se convierta en mayoría política —y ése es el horizonte de sentido de este tiempo de rebelión indígena— y como segunda, que exista disponibilidad al cambio por parte de la Bolivia no-indígena. Condiciones de posibilidad que parecen imposibles de reunir, pero que desde la lógica social —que sobrepasa felizmente a los actores— son las únicas que pueden viabilizar un Nuevo Pacto Social en democracia y evitar los horrores de una guerra civil.

    Gustavo Soto Santiesteban, es semiólogo. Miembro del Grupo de Apoyo a los Movimientos Sociales.
    15 Julio
    Imagen de Anónimo
    JaimeO-Z escribió:
    ¿Miedo a qué?

    La constitución estalinista es modelo de liberalismo y una de las más adelantadas en el mundo en cuanto a la protección de las libertades ciudadanas se refiere; sin embargo, todos sabemos que nunca se aplicó al pié de la letra, ni siquiera del párrafo.

    Haber tenido un vicepresidente de origen indígena no quiere decir que el gobierno sea indígena o que haya velado por los intereses de pueblo mayoritario; al contrario, no hubiera habido movimientos sociales en toda la república, y a todo nivel obrero-campesino, si hubiese sido de otra forma. Tenemos líderes indígenas, pero no gobierno indígena, que es otra cosa. De lo que en verdad hablamos es de un gobierno de la mayoría nacional, sin intermediarios que interpreten las necesidades y soluciones del pueblo.


    El miedo del que hablamos es “institucionalista”, no personal, como el miedo que se tiene la calle a otra persona. Es un miedo a cambiar, a mirar más allá del interés personal, a asumir la responsabilidad de conducir nuestro propio destino.

    Estoy de acuerdo con usted de estar cansados de vivir como hasta ahora, con una ficción de gobierno, que no representa sino a pocos. En cuanto a la transparencia, capacidad, etc. Es lo menos que se espera en cualquier gobierno, no sólo de un gobierno indígena.

    Al referirse a los líderes actuales como violentos, corruptos, criminales, etc., no se debe singularizarlos como indígenas solamente, o se corre el riesgo de ser no solo racista, pero bastante ignorante. Esta mentlidad paternalista y provincial es la que el pueblo repudia y contra la que se moviliza. Ningún gobierno del mundo ha empezado con la perfección, pero tenemos que empezar con un gobierno representativo de la mayoría, que es el tema del que hablamos en el artículo.
    15 Julio
    Imagen de Anónimo
    Dr. Daniel Salamanca Tru escribió:
    Miedo,existen entre nosotros de otra raza
    15 Julio
    Imagen de Anónimo
    Hugo Choque escribió:
    NO EXISTE MIEDO AL INDIGENISMO

    Todo análisis de una realidad que se abstenga de observar con cuidado algunos "detalles" comete el error de ser superficial y con ello, de llegar a conclusiones apresuradas.

    Yo no diría que en Bolivia existe miedo al indigenismo. De hecho, la Constitución Política del Estado establece la igualdad de derechos de todos (indígenas incluidos), e inclusive establece ciertas prerrogativas en favor de los pueblos originarios, que les permitan conservar su identidad cultural, religiones y costumbres. Que yo sepa, nadie en Bolivia ha expresado miedo o rechazo a esa parte de la CPE.

    Ya tuvimos un vicepresidente indígena que inclusive andaba vestido como tal en presentaciones públicas, y nadie le tuvo miedo.

    Tenemos en el parlamento muchos originarios, los cuales se encargan de que sea fácil identificarlos a simple vista por su vestimenta, y nadie ha mostrado miedo a ellos.

    A lo que le tenemos miedo los bolivianos es a seguir viviendo tan mal como hasta ahora. Y sabemos que seguiremos así a menos que tengamos un gobierno honrado, capaz, eficaz y eficiente, que nos diga la verdad y sea transparente, etc.

    Lamentablemente, esa imagen no la proyectan los líderes de origen indígena, o que dicen representar a los pueblos indígenas.

    Lo que vemos en esos líderes es todo lo opuesto a lo que se quisiera ver: total falta de base ideológica, tendencias golpistas (recordemos los intentos de golpe militar en Junio), bloqueadores a los que no les preocupa el daño que le hacen a la economía, gente que incita a la violencia, que se deja financiar por el narcotráfico y por intereses geopolíticos foráneos, líderes que pagan a sus bases para movilizarlas en unos casos, o que las fuerzan bajo amenaza de chicote en otros casos (totalmente antidemocrático), corrupción (igual o mayor que en las esferas gubernamentales), deseos de tomar el poder por cualquier medio, etc.

    Al ver ese tipo de dirigencia "indígena", cualquier Boliviano, sea éste indígena o no, entiende que este tipo de dirigencia no puede conducir los destinos del país, porque si lo intenta, el País no solo no mejorará, sino que se irá al abismo de manera inexorable.

    Entonces, el miedo de los bolivianos no es un miedo al indigenismo. Es un miedo a la total ineptitud para gobernar que muestran los líderes indígenas que por otro lado, imponen su voluntad por la fuerza cuando no logran hacerlo por la vía democrática.

    Los bolivianos se preguntan: ¿si estos líderes, no estando aún en el poder, son capaces de crear una dictadura sindical que puede matar de hambre y sed a toda una ciudad, atacar y azotar a personas indefensas en las calles para arrancarles corbatas, lentes y lo que encuentren, que serán capaces de hacer si llegan al poder?. La verdad es que uno no quiere ni imaginarlo.

    Por ello, el indigenismo necesita de líderes auténticos. Cultos, carismáticos, que entiendan de política, de economía, que tengan una base ideológica y propongan claramente un proyecto de país integrador y no discriminador ni destructor. Cuando ese tipo de líderes indígenas aparezcan, estoy seguro que serán seguidos por las mayorías del país, incluidos los bolivianos no indígenas. Una clara demostración de que lo que digo es cierto es el Perú, donde el presidente es indígena y fue elegido democráticamente, sin que nadie haya dicho "tengo miedo".

    Dejemos de ser racistas. El color de la piel debe pasar a segundo plano. De igual manera, es irrelevante si el gobierno es indígena o no. Lo importante es que sea un buen gobierno.
    15 Julio