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O-Z BLOG BOLIVIA ©

Bolivia - Política - Economía - Referencias: Noticias desde el país y el exterior, a través de la prensa escrita, radio, televisión e imágenes. RSS de noticias al día de Bolivia, América Latina y el Mundo.
Updated 8/7/2008
Updated 7/27/2008
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Updated 11/2/2007
12/4/2007

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Creative Commons License

Esta obra está licenciada bajo una Licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-Compartir Obras Derivadas Igual 2.5 .

 ¡Bienvenid@!

La misión de O-Z BLOG  es la de proporcionar información actualizada sobre asuntos políticos, económicos y sociales en Bolivia.

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Jaime Otero-Zuazo
 Copyright 2005
 

LA BOCA DEL DIABLO

Las voces se escuchan claras, símiles, casi duplicadas.  Parecería ser que salen de la boca del diablo: de un diablo racista, egoísta, temeroso y prepotente.  Pero el diablo no sólo habla, también planea siniestramente, dividiendo el uno contra el otro, plantando la manzana de la discordia entre los más desesperados, dependientes y desinformados.  En ellos deposita el diablo su confianza para desencadenar el caos y la violencia en pos de provocación, esperando que algo malo surja: un herido, una muerte, algo que enfatice y disfrace el ardid de rencores y confrontación, y que excite a las turbas de choque, drogadas de odio y alcohol.

Pero todo esto requiere un conocimiento de sabotaje político, de manipulación mediática, de coordinación, y- sobre todo- los fondos necesarios para efectuar tal operación a nivel nacional.  De aquí surge , en Bolivia, la Operación Media Luna, que ya no representa una región o un conjunto de regiones, sino un plan de control preeminente, creado para perpetuar el modelo cleptócrata-oligarca, el continuismo del usufructo ilegal, y la explotación del débil. 

Ante los cambios constitucionales venideros, los discípulos del diablo se estremecen y dan diente con diente ante un futuro en traje a rayas, sin la posibilidad de seguir la compra de influencias, como en sus mejores años de robo y orgía.  Por eso desprecian lo nuevo, lo limpio, y sobre todo lo indígena.  La desesperación y la aprensión a perder los privilegios inicuos, se agrava cuando la verdad se perfila convincente y acompañada de causas justas tal como el cuidado a la salud, la erradicación de la pobreza y el alfabetismo, y el arribo del Estado incólume, mayoritario y participativo. 

¿Podemos entender lo que es en verdad Bolivia, y lo que se quiere que llegue a ser?  Es que no debemos siquiera pensarlo: porque no nos toca a nosotros hacerlo como individuos asiduos a conveniencias, complacencias y antojos propios- o, lo que es peor, flaqueando y sometiéndonos a la presión del más agresivo y poderoso en nuestro limitado y provincial entorno. La verdad es que tenemos que aspirar a más: a ser consecuentes con una nación justa, progresista  e independiente.  Cuando oímos repetir los estribillos de uno u otro bando político que se pronuncian absurdamente análogos e impositivos, no deberíamos sino agachar la cabeza en signo de compungida y profunda vergüenza, y luego elevar la vista hacia una inspiración más humana, más cabal y más invariable con el contenido histórico de nuestra siempre actual cultura nacional. Por sobre la podredumbre de antaño, surge brillante la espada de la verdad, desenvainada con firmeza, y elevada al cielo claro, brillando dorada con el sol milenario.

Lo cierto es que parte de Bolivia parece hundirse en la ignorancia y la falta de claridad visionaria; y esto parece agobiarle y frustrarle de sobremanera.  ¿Cómo, sino, se puede explicar que en tales tiempos de cambio histórico, donde se ilumina el camino de oro hacia el futuro, y donde Bolivia se perfila poseedora de una identidad cultural profunda, se pueda valorar  tan solo lo trivial e inconsecuente, y emitir constantes quejas como niños en llanto? Esta es, más bien,  la hora de remangarse la camisa y poner manos a la obra.

Los más susceptibles a caer en la vorágine de la inseguridad y el pánico, son aquellos que lograron lo que poseen por accidentes intencionados, y que no piensan poder preservarlo si las reglas del juego cambian.  Es el pavor a iniciarse en un  mundo renovado con salvoconductos constitucionales que garantizan equidad a la gran mayoría antes marginada.  El ritmo y latir de la nació ya no van al compás del privilegio. 

El temor al cambio es el temor a uno mismo. El sentimiento de odio convive con el sentimiento de incapacidad a enfrentar lo multitudinariamente nuevo, cuando antes se podía contar con lo minúsculamente tradicional y seguro, aunque injusto y criminal. Este resentimiento febril nos hace testigos de la más enfermiza dolencia del espíritu del hombre: el racismo.  Porque podemos enmarañar el diálogo político nacional con todo tipo de diferencias, pero no podemos nunca acomodar al racismo, la intolerancia, la violencia, la injusticia y la mentira en ningún rincón del territorio patrio.

Es absurdo ser racista  e injusto contra el indio y su cultura, cuando se vive en país milenario.  Es inconsecuente ser discriminador contra las minorías, cuando se aspira a un futuro progresista y humanista. Es inútil ser intolerante y violento, porque así se engendra la polarización y se ahuyenta la paz social cada vez más.  Y es, sobre todo, inadmisible el esfuerzo de algunos de tergiversar la verdad de todo lo que acontece en el país, buscando como único fin la desestabilización, el fraude y la exclusión.

Mientras los políticos se desmenuzan entre lo que es la izquierda o la derecha, se olvidan que el camino al progreso humano va de frente.  La labor de los políticos bolivianos debe ser la de alcanzar al pueblo que ha marchado a pié firme dejando rezagados a los doctrinarios.  En este camino, nunca debemos olvidar a nuestro hermano: al más pobre, al más necesitado, al más enfermo y al más débil. Debemos cargar con todos y desproveer a nadie, si queremos respetar nuestra herencia cultural y humana. Recién entonces estarán completas las filas de esta Gran Marcha Nacional en la que nos hemos encausado para encontrarnos con nuestro propio destino.

Es inevitable que la marea del progreso viene muy alta hacia la orilla, porque esperó mucho tiempo en la opresión.  Pero aún así se mostró sobreviviente y competente, dentro de inhumanas restricciones.

Saludémonos los bolivianos como se saludaban los mayas al encontrarse uno frente al otro: ¡tú eres mi otro yo!
 
Jaime Otero-Zuazo
12/6/2006

El secuestro de la democracia en Bolivia

Si la oposición política en Bolivia pretende secuestrar la Asamblea Constituyente tan descaradamente, ¿cuánto más deberían los constituyentes mayoritarios imponer con su fuerza moral ante las demandas egoístas de esta oposición? Después de todo, muchas de las caras que se ven en los comités y sesiones constituyentes fueron partícipes de gobiernos cleptócratas que otrora esclavizaron, repudiaron, explotaron y asesinaron bolivianos, sobretodo indígenas. La intervención opositora mencionada, tiene la visión absolutista, formalista y solapada de una élite minúscula opuesta no sólo política, sino también económica, social y culturalmente a las reformas demandadas y votadas por los bolivianos en 2005. Esto nos demuestra claramente la falta de disposición íntegra de la oposición a la refundación de la república, que es la razón y origen fundamental de la Asamblea.

 

Sucre frena la sesión a fuerza de agreciones a asamleistas (La Razón)

 

La historia boliviana recordará la testarudez opositora como el símbolo de la irracionalidad política de una oligarquía agonizante, y sus adeptos pasajeros, que pretendieron usar excusa legalistas, como el tema de la capitalidad, para tratar de afianzarse a los reductos de una sociedad corrupta subvencionada centenariamente por el trabajo de un pueblo forzado a la pobreza y al olvido.

 

Con el tipo de mentalidad presente de la oposición boliviana, muchos países no hubieran salido del período colonial, pero sí hubieran probado su incapacidad y falta de madurez para proseguir con tan formidable paso. Los asambleístas de Sucre, sobre los que recae toda la responsabilidad y peso del proceso constituyente, representan todos los sectores y regiones del país, pero primordialmente al sector mayoritario que es el más pobre, más necesitado, más abandonado y más enfermo del país. Si los pobres pretenden velar por sus intereses, todos los demás, en vez de resentirlos, debemos apoyarlos si pretendemos crear una nación justa, libre e independiente, con el mínimo de aspiración al modernismo y al progreso. La verdadera inconformidad y protesta social debe ser siempre contra la injusticia y la opresión del ser humano más necesitado- que es precisamente la razón por la que la mayoría marginada se levantó y encaró al monstruo del pasado durante la revolución social de 2005-, y no la defensa utilitaria de las complacencias mal adquiridas a las que algunos están acostumbrados. La causa primaria de los asambleístas debe ser, por lo tanto, la protección, a través de la Constitución, de todos los que no se pueden proteger a sí mismos, a sus familias, y a la patria milenaria.

 

Los cuadros de oposición política actual en Bolivia dieron rotundamente la espalda al pueblo cuando ejercieron el poder político por décadas. Hoy en día, los seudo-opositores al gobierno muestran todavía su indiferencia pancista hacia los intereses mayoritarios, cuando exigen- desde la primera hora del gobierno del presidente Evo Morales- que se garanticen sus  privilegios e intereses, ganados a costa de la vida y el pan del resto de los bolivianos. Cualquier pestañar del gobierno es alertado por la prensa sumisa como una muestra más de incapacidad, donde no se evidencia tregua ni vocación patriótica alguna. Pero no pasará mucho tiempo antes de que los seudo-políticos y sus cándidos seguidores empiecen a recularse avergonzados ante la voz moral de la mayoría nacional, la investigación de fortunas y el consecuente castigo que caerá como una guillotina sobre sus cabezas. Hoy ya se ve cómo algunos políticos conscientes de la oposición empiezan a verter su alma a la patria y proceden con convicción patriótica.

 

La culminación de la codicia ciega de la oposición radical, se inició a tropezones en su mal cálculo político de abandonar el senado nacional y rehusar el deber parlamentario, justo cuando se debía votar la reversión de enormes cantidades de tierras en el oriente boliviano, adquiridas fraudulenta e inconstitucionalmente, durante los gobiernos oligarcas anteriores. El símbolo ególatra del pensamiento que consume a estos antipolíticos, fue gratuitamente ofrecida hace un año por el jefe de la bancada opositora en el senado que, de espaldas a la estatua de Murillo, a la catedral y a los ciudadanos congregados, emprendió con diabólicos gestos obscenos, que fueron transmitidos al país y al mundo como señal clara de la vulgaridad prepotente y amedrentadora de antaño, que no pocas veces terminaba con masacres obrero-campesinas. ¡Qué vergüenza, que a estas alturas, la falsa izquierda “Dom Pérignon” en su desubicación política se alíe a esta farsa de oligarcas racistas, pataleantes y chupa-medias!

 

Hoy se confirma el declive del poder y la organización de la oposición radical, acostumbrada a acaparar el poder político y entregar en retorno privilegios para pocos, pero indiferencia y agresión para la mayoría pobre de indios y mestizos. Hoy la oposición desequilibrada se parapeta en un regionalismo artificial, donde exalta los provincialismos de algunos mal informados que no saben cómo construir, ni siquiera ejercer, sus derechos autonómicos, justa y honorablemente obtenidos por luchadores de a pié. Si tan solo la prensa tradicional informara que las gestiones económicas y políticas del presidente Morales, y su honestidad en el manejo público, garantizarán por fin los presupuestos necesarios para ejercer esa autonomía, tan bien ganada por los trabajadores del campo y de la ciudad, y no por los terratenientes corruptos y los monopolistas usurpadores. La media luna deberá ser ofuscada por el radiante sol de la bolivianidad plena.

 

La incursión hacia el oriente boliviano, principalmente desde 1952, con enormes olas migratorias desde otras regiones del país, conformaron una de las áreas más productivas de la nación, y de la que debemos sentirnos orgullosos en sus triunfos. ¿Porqué embarrar este dinamismo económico con la estúpida defensa de tres o cuatro parásitos que producen solo alza de precios y ofuscan la competitividad, cuando el milagro productivo proviene del sudor y el consumo de miles que trabajan sin ventaja ni privilegio alguno? ¿Porqué prestar atención a líderes departamentales desconectados que van quedándose cada vez más rezagados en relación a los cambios inevitables de una Bolivia que aspira a la modernidad , al control de sus recursos, y a la ampliación de oportunidades económicas para mayor cantidad de trabajadores de los centros rurales y urbanos? ¿Por qué ese odio desmedido que enclaustra y revive tiempos coloniales y latifundistas, cuando el mundo entero se admira por el resurgimiento de una Bolivia fuerte y dispuesta a participar en el concurso de las naciones progresistas y democráticas del planeta? ¿Porqué aspirar a una Bolivia conocida por los problemas de estancamiento social, pobreza, narcotráfico y corrupción, cuando hoy empieza a apreciarse una versión nueva de una Bolivia que lucha por salir de la mendicidad, el atraso, la discriminación y el racismo, y que busca la dignidad para todos sus ciudadanos, encaminados al reencuentro con su glorioso destino?

 

Mucho de la oposición es simplemente una criminalidad disfrazada de tonos políticos para evitar, en lo básico, las investigaciones de fortunas mal habidas. Generalmente esta seudo-oposición se refugia en tendencias de ultra derecha o falsa izquierda, donde se atrincheran sin intención de resolver asunto alguno que no sea el que perjudique sus bolsillos. Además, la seudo-oposición antidemocrática utiliza canales mediáticos igualmente intransigentes, con la intención, casi al desnudo, de desestabilizar y provocar situaciones que eviten la lucha contra la corrupción y la refundación de la república.

 

La oposición política genuinamente democrática generalmente se identifica porque a veces tiene la razón otras no, pero que primordialmente se entrega al proceso de concertación y diálogo como camino a resolver los problemas patrios, sin ultimátum, insultos racistas, ni amenazas torpes.

 

 La gran marcha nacional de los movimientos sociales bolivianos, al par de la tradición más noble de la historia mundial, fueron la razón y causa del advenimiento de la  democracia participativa y la causa de la refundación de la república a través de la Asamblea Constituyente. La oposición nunca estuvo de acuerdo con esta constituyente porque amenaza el legado mórbido de la primera república de la que siempre serán miembros acreditados. La revolución social y democrática de 2005 pudo muy bien haber sido violenta y fulminante, pero la sabiduría andina optó por la vía democrática y no-violenta. En esta instancia, la oposición no tiene argumento moral válido contra el proceso revolucionario y justiciero de  la Asamblea Constituyente. Tampoco tiene excusa por el allanamiento del senado nacional o las manifestaciones de circo. Pero la nación boliviana sí tiene el derecho de pedir a estos antipolíticos y oligarcas auto-coronados que no alcen el nombre de sus departamentos y de los bolivianos en vano, sin antes haber contribuido un mínimo de patriotismo y honestidad durante el proceso constituyente.

 

Jaime Otero-Zuazo

http://www.bolpress.com/art.php?Cod=2007120414

11/29/2006

LA GRAN MARCHA NACIONAL

La Gran Marcha Nacional, es el camino que los ciudadanos de una nación recorren para encontrarse con su destino. Por hoy, los indígenas, hermanos mayores de la sociedad boliviana, nos muestran una y otra vez el camino al progreso humano, cuando marchan desde sus comunidades en pos de justicia. Cada vez que una comunidad indígena se encamina a los centros de poder para sentar palabra en el ámbito nacional, esta marcha complementa la Gran Marcha Nacional que es la básica y máxima expresión de la nacionalidad. Las marchas de las mujeres campesinas bolivianas, hace más de una década, para conseguir la atención y la justicia para con sus familias, nos mostraron el camino a la expresión no-violenta y efectiva contra el vilipendio histórico.


 Free Image Hosting at www.ImageShack.usLa concentración mental nos guía a pensar sobriamente y con profundidad antes de actuar. En el caso de Bolivia, el pensamiento realmente nacional emana de la experiencia, el esfuerzo y el sacrificio de siglos. Bajo este paradigma, el pensamiento, así arraigado, nos impulsa-- a todos los que compartimos su significado y escala nacional, y no solo provincial-- a encaminarnos por las rutas de la reivindicación justa, con firmeza y determinación de espíritu. La hora ha llegado para la democracia participativa y mayoritaria en Bolivia, largamente rezagada por la sinrazón y el odio. Por fin, la justicia asoma su figura frágil pero impresionante y convincente. A estas alturas el hombre boliviano no titubea, ni teme la voz paternalista que antes le ofuscaba, dentro y fuera de Bolivia. Llega firme la hora de la liberación, y se manifiesta con solidez en el carácter incansable del indígena, que ve nacer en sí una disciplina física y moral que no admite la sumisión ante la injusticia y el abuso de lo que equivocadamente se constituyó en 1825.

Al inicio de una marcha de estas características auténticas, se siente angustia corporal y miedo a la intemperie, pero rápidamente sobrelleva la convicción de estar preparando el camino para una posteridad justa. Los paladines de la marcha apuntan el camino a futuras generaciones y les encomiendan la gran tarea de empezar cuantas marchas sean necesarias hasta cumplir el compromiso con el destino nacional.

La Gran Marcha Nacional se dirige firme hacia delante, convencida y reforzada por numerosos esfuerzos anteriores. No mira a los abismos de la política radical de la derecha o de la izquierda. Tampoco ve atrás, al desentendimiento del proceso nacional, que pretende perpetuar la tribu usurpadora, el embrutecimiento complaciente, y el abuso letárgico.

Después de cavilar y parlamentar sobre la decisión de marchar, la comunidad despide a los bravos que van rumbo al mundo nacional donde saben que ya no están solos; y que hoy, más que nunca, se evidencia el surgimiento del verdadero nacionalismo, ausente en la Bolivia de 1825 y 1952. La Gran Marcha Nacional no es tan solo un sentimiento fugaz, es más bien la causa ungida de sangre y el esfuerzo de muchos otros actos de humanización y liberación de nuestra valerosa lucha social.

Ahora bien: ¿por qué se imponen los anacronismos y las antipatías entre los ciudadanos de esta acribillada nación? ¿Por qué surgen los motivos provinciales que imperan impávidos e incongruentes como si se tratara de una pelea de gallos sin posibilidad de triunfo? Un historiador del futuro nos respondería sintéticamente: es por el egoísmo y  la ignorancia. El egoísmo de acaparar las migajas del presente, en vez de compartir la abundancia del futuro; y la ignorancia de confundir la política con la vida.

Si se entiende que la Gran Marcha Nacional en Bolivia no empieza cada vez que lo anuncian los medios, sino que es una marcha que ya trae huella de casi dos siglos; que lo boliviano no es tan solo la montaña, o los valles o los llanos, sino el país entero; que lo indígena no es tan solo la raza física, sino la cultura nacional resurgente, entonces los argumentos políticos deberán diluirse en el líquido cristalino del espíritu nacional. Para lograr esto, debemos trascender nuestros propios egoísmos y complejos, y permitir el imperio de la justicia, la razón y el saber, dejando atrás los prejuicios que tanto daño nos han hecho. En los discursos políticos se esconden fácilmente el racismo y el odio. Librémonos de esta retórica asfixiante y abrasemos nuestro traslúcido destino nacional. Fusionémonos a la causa indígena para así limpiar la mancha histórica que nos impide marchar como nación progresista y moderna. Acordémonos que la causa indígena es una de reivindicación y de reparación de las libertades y oportunidades hasta ahora negadas a la mayoría de la población; y  que la causa indígena significa, además, la ampliación del saber y la capacidad de hacer de Bolivia una cuna de talentos y oportunidades sin preferencias. Pero también empecemos a abrazar la causa de todos los discriminados, entre los que se encuentran también la mayoría de los mestizos pobres. El oportuno y descuidado Gran Abrazo Indio-mestizo, bajo la tolerante mirada de la cultura materna nacional, sin intromisiones políticas doctrinarias, intereses sectarios, y complejos sociales, nos permitirá continuar la Gran Marcha Nacional hacia el triunfo nacional.

No queda otro recurso más justo que iniciar una Gran Marcha Nacional donde los indígenas, mestizos y las minorías étnicas se dirijan con firmeza a culminar la liberación, emancipación y reivindicación de los injustamente explotados. Ya no se puede permitir los grandes sacrificios de mujeres, ni